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EL CRUCE SUR DE CANQUEL (buscando al dino Scarritia)

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Martes 30 de mayo de 2023

Conocemos bastante la meseta de Canquel, pero siempre tenemos cosas nuevas para descubrir o recorrer.

El cruce sur de este a oeste fue un anhelo que intentamos cumplir desde el inicio de nuestras incursiones a la zona. Llegar a la estancia La Esperanza era algo que por un motivo u otro no había podido ser. Ahora era la oportunidad.

En la noche, una ligera lluvia había sido suficiente para mojar las carpas, por lo cual desarmamos el campamento del Rincón de López, empacamos con todo húmedo y nos encaminamos a la empinada subida a la meseta.

La hermosa subida a la meseta desde el Rincón de López,

Ya en la larga cuesta

Al llegar arriba y sacar las fotos del paisaje que dejábamos atrás, nos percatamos que a poco de iniciar la subida, se descolgaba una huella bien marcada que seguía bordeando la meseta por abajo hasta donde se perdía la vista. Esa huella ya existía en 2015 pero apenas si se distinguía al principio; luego desaparecía. Concluimos que tenía que ver con nuestro imaginario «Canquelosaurio» y entonces bajamos para relevarla hasta al final.

A la izquierda de la curva, una huella que se descolgaba rumbo al Canquelosaurio nos tentó

Seguimos la huella que se dirigía en dirección al puesto Salazar contorneando la meseta, tal cómo nos había mencionado Benjamín Salazar hace unos años respecto a la ubicación del descubrimiento paleontológico.

La huella al Canquelosaurio

Llegamos al final de la huella y allí estaba: varias excavaciones a medio cerrar, multitud de pedazos de yeso y algunos pequeños fragmentos dispersos de huesos. Por supuesto no vimos el Canquelosaurio pero sentimos su espíritu en tan remoto lugar.

Lo que he podido averiguar, luego en casa por supuesto y através de internet, es que en esta zona se concentran fósiles de mamíferos terciarios, que el yacimiento se denomina Scarrit Pocket y que nuestro Canquelosaurio sería en realidad conocido como Scarritia y sería algo así como el de la foto que sigue, de un metro y medio de alto y dos metros de largo

Les resumo algo de lo que encontré:

Scarrittia sería descrito en 1934 por el paleontólogo americano George Gaylord Simpson a partir de material encontrado en las expediciones del Museo Americano de Historia Natural en la cantera fosilífera de Scarrit Pocket, también conocida como la Rinconada de los López y de la que deriva el nombre del género, en la Provincia de Chubut, Argentina. Esta sería la especie tipo, S. canquelensis, que sería también encontrada en otras localidades de la Patagonia Argentina. S. robusta, descrita en 1994 por Martín Ubilla y colaboradores, sería descubierta en Paso del Cuello, Departamento de Canelones, Uruguay. Es el único leontínido conocido de esqueletos completos y en buen estado de conservación.

Scarrittia mediría unos 2 metros de longitud, siendo un animal bastante grande y pesado en su ecosistema. Poseía un cuerpo y cuello relativamente largoscon una cola corta y unas patas robustas con tres dedos con pezuñas en cada una de ellas. En sus patas traseras la tíbia y el peroné fusionados, razón por la que habría sido imposible para el animal el girar estas hacia los lados. Su cráneo tenía un rostro corto y poseía unos 44 dientes poco especializados.

ESTAS CITAS FUERON EXTRAíDAS DE AQUI
El lugar daba indicios de algo especial, el yacimiento Scarrit Pocket

Extraños monolitos le daban el necesario halo de misterio
El final del camino. Ahora a caminar un poco…
Pedazos de yeso, pozos artificiales y pedazos de huesos fósiles dispersos atrajeron nuestra atención
Uno de los huesos fósiles que encontramos

Volvimos a subir la cuesta por segunda vez en un rato y al poco de andar estábamos en la estancia Tres Lagunas de nuestro viejo amigo Buty Myburgh y para nuestra sorpresa, lo encontramos de visita por allí, así que tuvimos la gratificante experiencia de charlar un buen rato con él, su hija y el puestero Agustín, enterándonos de los entretelones de la vida de la meseta.

Pura meseta de Canquel

Es triste escuchar como las explotaciones ganaderas se van apagando, fundamentalmente por la gran presencia de guanacos que se comen el alimento de las ovejas y por los pumas que atacan a las ovejas que sobreviven y también por la inviabilidad económica de los emprendimientos pequeños y medianos.

Una garra de puma que recuerdan su presencia

Nos alertó que el camino para pasar al pozo de Barragán estaba destruido pero creía que nosotros íbamos a pasar igual.

El grupo con el Buty y su hija en Tres Lagunas
Una de las tres lagunas cercanas que le ponen el nombre a la estancia
La casa del puestero Agustín

Nos despedimos del Buty y seguimos hacia el este; efectivamente la huella estaba muy rota por las lluvias pero nos las arreglamos para pasar igual y acceder al Pozo de Barragán, donde intentaríamos llegar al Puesto Pepino por abajo, ahora que se podía ingresar al pozo por un sendero recién abierto. Sin embargo, la misma lluvia que habíamos sufrido en el campamento había embarrado la bajada lo suficiente como para darnos cuenta que con la pendiente que tenía nos íbamos a tener que quedar a vivir allí abajo si nos metíamos allí. Decidimos ir igual al Puesto Pepino pero arrimando a campo traviesa desde el norte, hasta el borde mismo del acantilado y luego caminar un poco.

Pozo de Barragán
Puesto Barragán
La nueva bajada al enorme Pozo de Barragán, un corral natural

Quedamos a unos 800 metros de distancia y a 200 metros de desnivel, con una pendiente que para ir caminando no era exagerada. Dado que era cerca de mediodía, pareció buena idea ir a almorzar a Puesto Pepino y eso hicimos.

Copamos Puesto Pepino y a todos nos embargó la misma emoción de la primera vez. Nos volvimos a cansar de sacar fotos y admirar la sólida y prolija construcción de piedra. Esta vez pudimos notar que en el área hay un manantial que le da cierta lógica a la ubicación y que por otra parte esta muy protegida de los vientos y era difícil de acceder y detectar para los que no la conocían. Indudablemente era un refugio seguro.

El hueco donde se esconde el Puesto Pepino, al lado de un manantial

Sigue siendo un lugar mágico e inexplicable, donde aunque pasan los años, no logramos desentrañar su misterio. La vieja leyenda de Pepino, constructor de catedrales y su trágico desenlace, sigue vigente para nosotros y tal vez sea la razón de su magnetismo.

Nos quedaba el último objetivo del día, la estancia Buena Esperanza, para la cual necesitábamos recorrer buena parte de la meseta y luego volver a bajar a su vertiente este. Desde el Pozo de Barragán hasta el empalme de la huella que lleva a La Esperanza desde La Juanita es claro que no la transita nadie, casi me animo a decir que los últimos fuimos nosotros en 2016. De hecho el alambrado que delimita propiedades, tiene la tranquera pero la huella es muy difícil de encontrar en sus adyacencias.

Después de cruzarlo, la senda que viene de La Juanita y lleva a La Esperanza es clara y relativamente transitada. Zigzaguea entre pequeños cerros, hondonadas y bajos y se va «empedrando» a medida que nos acercamos al borde de la meseta para encarar la bajada a la estancia.

Un puesto camino a La Esperanza
Uno de los tantos pozos con agua en Canquel
Otro pozo importante que podría ser fruto de un aerolito. Al fondo el cerro Azul, el mas alto de la meseta

La bajada proporciona un hermoso paisaje del hueco donde se encuentra La Esperanza y es muy pronunciada y despareja; subirla no es imposible pero no es muy sencillo seguramente, en descenso es otra cosa.

El valle donde se encuentra La Esperanza. La arboleda al centro es el puesto La Buena Esperanza
Bajando a La Esperanza
El valle de La Esperanza
En el fondo del valle
La Esperanza a la vista, rodeada de lagunas
Una gran laguna o guadal al sur del casco de la estancia

Al final de misma aparece lo que el IGM llama Nueva Esperanza, que no es más que un puesto deshabitado pero muy arbolado, seguramente regado por alguna vertiente. Seguimos adelante dejando a un lado a una laguna seca hasta que vimos finalmente la ansiada La Esperanza, un lugar al que le habíamos intentado sin éxito un par de veces por el este. Allí, su propietario Gabriel nos iba a esperar con un cordero pero llegamos un par de días más tarde y nos lo perdimos…

Con el permiso de su puestero, Julio, acampamos cerca del casco y el cordero lo tuvimos que reemplazar por lo que quedaba del guiso de lentejas el cual fue convenientemente reforzado para que alcance. El clima nos regaló una noche perfecta, hasta para sacar fotos nocturnas increíbles.

Improvisado campamento al lado del casco de la estancia
Hermosas fotos nocturnas

Está muy linda la estancia, muy arbolada y mereció el esfuerzo de visitarla. Otro rincón de Canquel fue develado. Gracias Gabriel por permitirnos ingresar!

El día siguiente habría más cosas nuevas a descubrir y disfrutar.

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CIRCUITO MIRADOR DEL BELGRANO y ASOMO AL CIRCUITO DEL AZARA

Como ya dije, esta vez vinimos al Parque Nacional Perito Moreno a descansar mentalmente y a hacer caminatas, con el interrogante de nuestro desconocido y supuestamente no muy buen estado físico. El circuito del Mirador del Belgrano era solamente unos 8 kilómetros que podían ser una buena medida de nuestras posibilidades futuras de encarar otros recorridos más largos.

Este circuito es de los «nuevos», promovido seguramente por la donación de Gilbert Butler de los años anteriores e inicia donde antes arrancaba el sendero al Puesto El 9, en una explanada al sur del lago Belgrano. Dejamos allí la chata y salimos en sentido antihorario por el primer tramo que es estepario y va mutando a bosque achaparrado, a medida que serpenteando entre cañadones se aproxima a la costa del lago.

Playa de estacionamiento, punto de inicio del circuito
El inicio del sendero del mirador del Belgrano, con el cerro Mie al frente
Pampa 02 se quedó sola esperándonos
El siempre increíble y cambiante lago Belgrano

Ya cerca de la costa, aparece una zona de acampe muy bien delimitada, con un refugio asociado para tres personas y un sanitario en condiciones «noruegas», como ya expresé en otro blog. Ojalá se mantengan así!

Cerca del refugio hay una hermosa playa sobre el lago

Playita sobre el lago
El lago a contraluz desde la playa, con esas curiosas nubes patagónicas

El sendero a partir de aquí se adentra en un bosque un poco más denso, como es de imaginar y como es de práctica en este parque, los paisajes son deslumbrantes a cada paso. Así, después de seis kilómetros llegamos a interceptar el otro sendero que se dirige al largo circuito del lago Azara y dado que nos sentíamos bien, optamos por asomarnos unos kilómetros, lo cual fue una excelente decisión por la variedad incesante de paisajes inesperados que se muestran a cada paso.

El circuito del Azara es muy largo y requiere prever pernoctar en alguno de los refugios o llevar una mochila con elementos para acampar, lo que por ahora no estaba en nuestros planes. Después de lo poco que vimos, sin duda que en alguna otra visita nos vamos a animar.

Saliendo de Refugio René Negro
El sendero se adentra en un bosque de lengas
Los pájaros carpinteros hacen lo suyo en los troncos
Encrucijada de senderos
A cada vuelta del sendero aparecen ignotas y bellas lagunitas
Pero siempre domina el endiablado Belgrano
Mas Belgrano y sus turquesas
Otra lagunita más, con colores que contrastan con el turquesa del Belgrano
Arboles bandera en las zonas desprotegidas
Contentos con la caminata
Pampa 02 nos esperaba al final del sendero

Finalmente, al volver al punto de partida, habíamos hecho poco mas de trece kilómetros, con lo que tuvimos la buena noticia que «milagrosamente» estábamos en mejores condiciones que las que suponíamos. El circuito grande de la península del Belgrano nos estaba esperando para el día siguiente.

Sin embargo, todavía nos habían quedado ganas de pasear y nos fuimos a visitar, con la chata, el lago Burmeister, reino del viento del oeste.

El bosque que antecede al lago Burmeister, donde es posible acampar en forma agreste
Playa del lago Burmeister, siempre expuesta al viento
Jamás lo vi sin oleaje en varias visitas previas
Un árbol bandera sobre la playa

Recorrido el 18 de febrero de 2023

LAGOS POSADAS Y PUEYRREDÓN

Esta zona es un rincón poco conocido de la Patagonia, ya que en el pasado su acceso no era muy cómodo, por llamarlo de algún modo.
Si bien la RP 39 siempre fue una sencilla ruta de ripio típicamente patagónica, los casi 100 kilómetros que los separan de Bajo Caracoles desanimaban a los viajeros, potenciados por la falta de información reinante.

Pero hace un tiempo la cosa cambió. Una ruta recientemente abierta por Vialidad de Santa Cruz, entre el lago Posadas y el Parque Nacional Perito Moreno, de la cual me enorgullezco de haber sido uno de los precursores, al haberla recorrido en modo offroad para vehículos de cuatro ruedas en 2016, hizo que muchos aventureros se largaran a investigar. La crónica de esa aventura la pueden leer haciendo clic.

Esta ruta, por ahora recomendable solamente para vehículos 4×4, permite hacer un circuito «redondo» sin ir y volver por el mismo camino, por paisajes deslumbrantes pero muy solitarios.

Los menos osados ahora se asoman a la zona para tantear el terreno y no quiero pensar el auge que tendrá cuando finalmente la ruta sea apta para todo tipo de vehículos. Otro nuevo atractivo es un nuevo paso a Chile siguiendo el curso del río Oro, el cual se ha comenzado a construir.

En mi caso había andado por aquí varias veces, pero siempre de pasada, yendo o viniendo del Parque Nacional Perito Moreno y una vez que nos llegamos hasta las nacientes del río Oro, a los pies del cerro San Lorenzo.

Nunca me había quedado un par de días en la zona acampando a orillas de los lagos, disfrutando del hermoso microclima cordillerano que reina aquí, a solamente 250 metros sobre el nivel del mar pese a estar completamente inmerso en los Andes patagónicos.

Entramos por el norte del lago Posadas, visitando el famoso Arco de Piedra, para luego cruzar a la margen de enfrente por el istmo que lo separa del lago Pueyrredón.

Arco de Piedra
La costa norte del lago Posadas, por donde sube la nueva RP41

Nuestro objetivo era acampar un par de días en el camping de la estancia Suyai, al cual le había echado el ojo las veces pasadas. Con base allí, ademas de descansar de las largas etapas de aproximación de los días previos, haríamos algunas caminatas a la rara península que está enfrente de la estancia Suyai y algún que otro circuito que teníamos en mente. Y eso fue lo que hicimos.

CAMPAMENTO EN LA ESTANCIA SUYAI

La estancia Suyai hace muchos años que recibe al turismo. Ya en en el lejano 2006 recuerdo que bajando desde Los Antiguos por la RP 41, unos pequeños cartelitos invitaban a visitarla y te llevaban por una huella poco transitada al istmo que divide el lago Posadas del Pueyrredón. En esa oportunidad, una tranquera con candado me impidió conocerla ya que para hacer el rodeo por por el pueblo no nos daban los tiempos. Eran las épocas de vacaciones con los chicos en Pampa 01 con un tráiler lleno de chirimbolos; la crónica, aquí

El lugar es muy bonito, tiene un par de cabañas y departamentos que hay que reservar con tiempo, pero también dispone de una zona arbolada de camping con fogones y sanitarios que es un sueño. Nos establecimos allí por dos días con la ventaja de que al ser días de semana, estábamos solos con todo el lugar para nosotros.

Es de destacar la amable atención del encargado, Don Roberto Faucino, quien con su calidez, se desvivió para que la pasemos de diez, facilitando información y accesos de los distintos distintos lugares para conocer.

CAMINATA A LA PENÍNSULA

Justo enfrente de la administración de la estancia, la costa presenta una caprichosa curiosidad. Una larga y angosta península se introduce en el lago e invita a visitarla. En años anteriores accedimos en la comodidad de los vehículos pero esta vez la disfrutamos de otro modo, caminando.


Tiene unos dos kilómetros de largo y un ancho variable entre 10 y 20 metros; lentamente está siendo colonizada por vegetación cuyas semillas las lleva el viento. Al llegar a su extremo uno puede imagina que que se está en la proa de un «Titanic» en el medio del lago.

Es una geografía particular de la zona ya que no es la única; en la desembocadura del río Oro hay otra similar.

La extraña Peninsula
frente a Suyai
En el extremo de la península
La estancia Suyai desde la península
Península, al fondo la estancia Suyai
Caminantes satisfechos
Paisajes que llevan a la relajación
Vista de la península desde las alturas del Santuario de la Virgen
Santuario de la Virgen, en un bosque de pinos de las alturas
La estábamos pasando realmente bien
Paisajes que enamoran

Vegetación de la zona

CIRCUITO GRANDE PENÍNSULA BELGRANO

Envalentonados con Adriana porque habíamos logrado caminar trece kilómetros recorriendo el mirador del lago Belgrano y un pequeño asomo al sendero del Azara, hoy nos animamos a encarar el Circuito Grande de la Península del lago Belgrano, que tiene más o menos dieciocho kilómetros.


Yo conocía el Circuito Chico de haberlo recorrido el año pasado y había quedado deslumbrado, por lo que el Circuito Grande era algo que deseaba conocer y más ahora que sabía que nos íbamos a poder bancar la caminata.

Nos levantamos temprano, desayunamos muy bien en La Oriental y nos fuimos con la chata hasta el estacionamiento próximo al inicio del sendero en el istmo de la península.

El clima estaba muy bueno porque apenas estaba nublado, no hacía mucho frío y había poco viento, ideal para el trekking. Sin mucha carga, sólo con una pequeña mochila con una vianda y agua suficiente, salimos rumbo a la aventura.

Los circuitos de la península, perfectamente señalizados

Se puede recorrer en cualquier sentido pero nosotros elegimos hacerlo en sentido horario. La primera parte es esteparia y a medida que se avanza hay una transición lenta al bosque de lengas, que van cobrando vigor a medida que se avanza hacia el oeste.

Juegos de luces y sombras sobre las aguas producen estas imágenes espectaculares.
Al fondo, el cerro Mié
Sobre el extremo sudeste de la península,el cabo Dos Bahías.
Si miran bien podrán notar unos de los refugios que voy a comentar más adelante. Hasta aquí estamos a unos 7 km del estacionamiento.
Disfrutando de la compañía y del paisaje rumbo al refugio Quetro

En este sector oeste de la península, comienza a aparecer el bosque andino de lengas y el sendero se interna en él.

Ya estábamos cerca del refugio Quetro, después de más de 10 kilómetros de caminata. Este refugio, como todos los demás del parque, son de un nivel «noruego», gracias a las donaciones que el magnate norteamericano Gilbert Buttler realizó en el parque.


A estos refugios se accede por ahora en forma gratuita, reservando en la página web del parque y disponen de espacio para tres o seis personas (hay dos modelos), con cuchetas, colchonetas, asientos, una mesa, enseres de cocina, elementos de limpieza, una salamandra y leña cortada, todo en una coqueta y acogedora cabaña de construcción increíble. La próxima vez que visitemos el parque vamos a planear pasar una noche en uno de ellos, debe ser una experiencia fascinante y confortable.
A su alrededor hay algunos espacios para camping perfectamente delimitados, con un baño de uso de publico, en condiciones excepcionales de pulcritud y limpieza

Buscando el Quetro
Sufrido bosque de lengas
Plataforma para camping
La increíble playa La Arena con su isla desierta enfrente
Playa Quetro, mirando hacia el sur
Playa Quetro, mirando hacia el norte

Con lo hecho, ya habíamos completado la mitad del recorrido planeado. El lento pasaje de la estepa al bosque, acercándonos a las altas montañas nevadas limítrofes bordeando el brazo sur del lago Belgrano que vivimos, iba a ser a la inversa. Ahora iríamos dejando las montañas nevadas y el bosque para volver a la estepa pero bordeando el brazo norte del lago, de características completamente diferentes al sur.
El aporte del río Volcán, que trae las lechosas aguas de los glaciares del cerro San Lorenzo, hace que la gradual mezcla de las aguas le proporcione mil tonos de turquesa, mostrando algo tan lindo que es difícil de creer.
Luego el sendero se adentra en la península , la cual en su interior tiene una serie de lagunas que a esta esta altura del año tienen poca o casi nada agua aportando colores extraños al revelar sus fondos secos.

El brazo norte del Belgrano y sus mil tonos de turquesa.
El brazo norte del Belgrano y sus mil tonos de turquesa, otra vez
El delta del río Volcán cuando vierte sus aguas en el Belgrano, que trae del cercano San Lorenzo.
Istmo de la península Belgrano
Cansados pero felices después de intensos y maravillosos 18 km de paisajes increíbles
Por supuesto, después tuvimos que recuperar energías en La Oriental, con los asados de Eduardo Lada

Experiencia vivida el 23 de febrero de 2023

EL INGENIO SAN LORENZO

Después de conocer el remoto y relativamente aislado pueblo de Guardia Mitre y de cruzar el río Negro en la balsa de Sauce Blanco ya estábamos satisfechos de haber alargado el regreso unos cuantos kilómetros para conocerlos. La balsa nos conectó con la ruta 250 a unos 50 km de General Conesa y nos dispusimos a retomar la ruta habitual de regreso, sin saber que íbamos a recibir una grata sorpresa, completamente imprevista.

Quince kilómetros antes de llegar a General Conesa, un enigmático puente ferroviario reticulado en el lado derecho de la ruta nos llamó la atención y recordé que Raine Golab alguna vez me lo había mencionado. El puente no disponía de terraplenes antes ni después y el cauce que atravesaba era caudal de agua muy pequeño que evidentemente no fluía desde hace mucho tiempo. Sin duda era parte del ramal ferroviario tendido entre General Conesa y Lorenzo Vintter que alguna vez había servido a un desaparecido ingenio azucarero que procesaba azúcar de remolacha. Una locomotora de trocha 75 centímetros rescatada de la Trochita, está expuesta desde hace unos años en la rotonda de acceso a General Conesa como recuerdo de ese extinto ramal.

Inexplicable puente desde la nada hacia la nada, hasta conocer la historia que lo incluye

Siempre a la pesca de estaciones ferroviarias, me fijé qué podía haber cerca. El Ferromapas del GPS me dio la noticia que había una estación a unos cuatro kilómetros al oeste, en el lado opuesto de la ruta donde estaba el puente.

Una tranquera desvencijada sin candado, con una huella sin tránsito sepultada por altos pastos me ofreció la posibilidad de ir en su búsqueda y sin pensarlo, nos metimos, medio a ciegas, a campo traviesa. Al atravesar una pequeña arboleda empezamos a pisar troncos caídos ocultos en el pastizal, pero seguimos.

Buscando la estación San Lorenzo
Transitando una «huella»

Una montaña de tierra oculta por la vegetación nos cortó el paso y me bajé a ver como esquivarla, pero al subir encontré detrás un profundo zanjón que no íbamos a poder sortear con la chata. Sin embargo, a la distancia divisé un puente de hormigón y no me quedó otra opción que ir a verlo a pie. Obviamente había sido construido antes del zanjón, posiblemente era parte del camino a la estación.

Al llegar al puente, un poco más alto que el terreno circundante, la vi: un tejado rojo con paredes blancas y arcadas. Había encontrado la que en su momento fue la coqueta estación San Lorenzo que me marcaba el GPS !

Se me ocurrió ir caminando pero observé un par de canales de riego que implicaban pasarlos nadando o algo así. Me conformé con el trofeo de un par de fotos con zoom.

Estación San Lorenzo

Al volver a la camioneta, Adriana había pescado señal de Internet y me refrescó lo poco que yo recordaba del ingenio azucarero. La historia, como les contaré más adelante, nos atrapó y decidimos ir en su búsqueda, sin duda del otro lado de la ruta, adonde apuntaba el otro extremo del puente.

Costó dar vuelta la chata en el berenjenal que nos habíamos metido sin darnos cuenta: los altos pastizales escondían zanjas a ambos lados del camino que complicaron la maniobra y casi nos caemos en una de ellas. No se quién nos iba a sacar de allí si eso pasaba.

Volvimos a la ruta y decidimos ir a buscar en sentido contrario siguiendo la dirección del puente, que apuntaba hacia el río Negro. Nos internamos por un camino vecinal algo al sur del puente, que rápidamente nos comenzó a mostrar construcciones abandonadas y semiderruidas, entre ellas una escuela.

Un par de kilómetros más adelante aparecieron lo que parecían instalaciones fabriles como fantasmas en el medio de la llanura.

Unos carteles, también en muy mal estado indicaban que efectivamente se trataba del ingenio San Lorenzo y que eran Patrimonio Histórico Provincial aunque su estado no lo denota.

Entramos y recorrimos con la chata unos senderos prestablecidos que discurrían entre las ruinas, con algunos carteles explicativos (muchos de ellos ilegibles y vandalizados), sorprendiéndonos de la magnitud de las instalaciones.

Del complejo fabril, solo quedan en pie dos enormes galpones, un edificio administrativo y las piletas de hormigón donde se volcaban las remolachas. El resto, solamente escombros dispersos y alguna que otra estructura que sobrevivió misteriosamente.

Recorriendo el ingenio San Lorenzo
Edificio Administrativo
Interiores del edificio administrativo
Piletas de lavado de remolachas
Galpones
Galpones

Luego de la visita, buscando en Internet nos enteramos de que lo que vimos era solamente lo que quedó después que se dinamitaran (sí, que se dinamitaran!) las instalaciones principales luego de un proceso de auge, infección de los cultivos de remolacha, paralizaciones, cupos de producción exiguos y extraños procesos de venta.

No es muy claro lo que ocurrió allí, pero lo que si es cierto es que en la década del 20 del siglo pasado, Benito Lorenzo Raggio y Juan Pegasano, se decidieron a reemplazar los nativos piquillín, chañar y jarilla para que la remolacha se convirtiera en una estrella fabril.

El proyecto arrancó con mucho entusiasmo pero bajo condiciones no muy favorables por parte de la infraestructura estatal.
Se inició en 1929, incluyendo la construcción de un ferrocarril de 107 kilómetros para evacuar la producción, finalizado en 1934 mientras se realizaban las primeros cosechas de remolacha y se realizaba la puesta a punto de la fábrica de azúcar.

El ferrocarril tuvo que ser financiado por el ingenio ante la indiferencia oficial y a cambio obtuvo únicamente créditos en los fletes ferroviarios, una de las causas concurrentes del cierre.

Tuvo su auge en 1935 con 5000 toneladas de azúcar producidas y cuando todo indicaba que se encaminaba a consolidarse económicamente, una infección en los cultivos de remolacha debido a un «virus filtrable» que técnicos llegados del exterior denominaron «marchitamiento amarillo», comenzó a menguar la producción hasta paralizarse completamente en 1939. Algunos atribuyeron la aparición de la peste a un sabotaje por parte de los cañeros del norte del país y otros, a causas naturales.

En los años de la peste, lo poco que se producía debido a las malas cosechas, se lograba con remolachas que provenían de Pedro Luro, Tres Arroyos y Balcarce, lo cual era completamente anti-económico por los costosos fletes.

En 1940 pareció recuperarse con cosechas locales, pero sólo fue un estertor agónico antes que en 1941 se la cerrará definitivamente debido a las deudas comerciales, vendiéndose las maquinarias checoslovacas a productores uruguayos y las instalaciones edilicias al Centro Azucarero Regional del Norte Argentino (entidad representativa de los ingenios azucareros de Salta y Jujuy) que, según testimonios, exigió la demolición de los mismos y el compromiso de no volver a establecer otro ingenio de remolacha en el lapso de diez años.

Si todo esto se debió al sabotaje de los “cañeros del norte” o simplemente fue un mal negocio establecido sobre premisas y condiciones que luego no se cumplieron, es difícil de discernir.

Parece muy cinematográfica la hipótesis de la infección artificial de los cultivos atento a que el tonelaje máximo de 1935 era apenas el 1.3% del tonelaje total del país, pero por otro lado el negocio parecía prometedor si se ampliaba la escala de producción extendiéndose la idea a otros sitios y es llamativa la condición de la demolición y la prohibición de establecer ingenios remolacheros. En fin, algo típicamente argentino, donde se mezcla la ficción y la realidad.

Hay muy buena y detallada información en el artículo extraído del sitio del Conicet «Producir azúcar en la Patagonia. El ingenio San Lorenzo, un malogrado proyecto de industrialización de remolacha azucarera (Río Negro, 1927-1941)\» publicado en la revista de la UNLP Mundo Agrario, diciembre2018, vol. 19, n° 42, e094. ISSN 1515-5994, escrito por Daniel Moyano y Susana Bandieri, cuyo link adjunto:

http://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/88049

También es interesante el siguiente video, que exhiben una teoría contrapuesta a la del informe de Moyano-Bandieri

Video de la historia del Ingenio San Lorenzo

Visitado 23 de febrero de 2023

GUARDIA MITRE

23 de febrero de 2023

Guardia Mitre es una pequeña ciudad rionegrina de 900 habitantes fundada en 1862 que, curiosamente, la forma más simple para llegar por tierra firme es ir desde Carmen de Patagones (Provincia de Bs As); las otras opciones son la balsa Sauce Blanco o largos rodeos por caminos de tierra desde General Conesa o Rio Colorado. Muchas veces la había visto en los mapas y también la tenía presente porque alguna vez había leído que estaba justo en las antípodas de Beijing, lo que había despertado cierto interés turístico de los chinos y por cierto a mi también.
Siempre me había quedado postergada la visita porque no queda de paso en las rutas al sur, pero esta vez, que habíamos dormido en Viedma y veníamos con tiempo, era la oportunidad para saciar la curiosidad.

Un ancho y solitario camino enripiado en muy buen estado que sale al norte de Carmen de Patagones, te conduce por entretenidos 70 kilómetros, que más o menos bordean el río Negro, aunque sin acercarse mucho.

Ruta Provincial 53

Poco antes de llegar una vieja construcción, Villa Rosarito (1906) nos anticipa las viejas construcciones que encontraríamos en la pequeña ciudad.

Villa Rosarito

Ingresar a Guardia Mitre te hace sentir estar en otro mundo: calles anchas de ripio, bicicletas sin cuidado en las veredas, todo muy limpio y prolijo, poca gente, todos saludan, se respira tranquilidad. Es claro que todos miran con curiosidad a unos insólitos turistas…

Las calles desiertas invitan a recorrer y descubrir, lo que ocurre inmediatamente cuando nos acercamos a la plaza San Martín, en cuyo alrededor se concentran todos los edificios históricos perfectamente señalizados con su identificación y una breve reseña de su pasado. Se nota que sus habitantes respetan su pasado y que están orgulloso de él.

Plaza San Martín
Monumento al General San Martín
Primera escuela del pueblo
Iglesia Inmaculada Concepción
Colegio Salesiano
Primer Almacén de Ramos Generales

Ahora en casa, me puse a investigar el tema de las antípodas para saciar mi curiosidad y llegué a la conclusión que no es del todo cierto. Si alguien perforara en dirección al centro de la tierra un agujero de unos 12 700 km desde la plaza San Martín en Guardia Mitre no le acertaría al ejido urbano de Beijing por algo así como 60 kilómetros, lo cual no es mucho, pero por lo menos a mi me rompió el encanto. Tanto trabajo para hacer el pozo y no llegar a destino…

No obstante lo de los chinos fue cierto y hubo algunas gestiones para comprar terrenos que luego quedaron en la nada, como quedó registrado en la siguiente nota periodística de 2019:
https://www.clarin.com/sociedad/quieren-traer-turistas-chinos-punto-patagonia-exacta-antipoda-beijing_0_NHWxyQdK.html

Satisfecha la curiosidad por Guardia Mitre ahora vendría el otro atractivo del desvío: una balsa tipo maroma, de las pocas que quedan en servicio para cruzar el río Negro y seguir viaje por la ruta 250.
Después de unos 20 kilómetros llegamos a la balsa Sauce Blanco, la cual cruza el río, que allí tiene un ancho de unos 150 metros aproximadamente.
La balsa, como dije, no tiene motor, sino que usa la fuerza de la corriente orientando la barcaza con un ángulo tal que le permite desplazarse transversalmente a través del río.
No hay muchas en servicio, creo todas en esta cuenca: La de Huitrín sobre el río Neuquén y la de Villa Llanquín, sobre el Limay. Ambas las hemos cruzado con Pampa 02. No sé si existe alguna otra de uso público.

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